Nuevos usos de Instagram: el caso de The Economist

Instagram nació para lo que, en principio, la mayoría de los usuarios lo utilizamos. Es una app nativa para el móvil y su uso más intuitivo y razonable, si es que este adjetivo es aplicable, es subir fotografías que hemos tomado hace unos instantes con nuestros dispositivos, ya sean estas de cariz personal o profesional.

Si bien es cierto que desde que, en el año 2020, Facebook adquirió Instagram, algunos aspectos de esta red social han ido cambiando para adaptarse a la competencia. Como por ejemplo, cuando pusieron en marcha las Instagram Stories, sospechosamente parecidas a lo que hacía Snapchat.

Pero hay algo común a todas las redes sociales: una cosa es para la que estrictamente nacen y otra, muy diferente, cómo las acaban usando los usuarios. Quizás el caso más paradigmático es Twitter, que está en constante evolución y que, incluso, saca nuevas funcionalidades, como los hilos, en función del uso que hacen los tuiteros de la herramienta.

Es lo que está pasando con Instagram. Según cuenta The Guardian, son los millennials y los integrantes de la generación Z (mini guía para no perderse con estas etiquetas) los que están empezando a utilizar la segunda red social más usada del mundo (tercera si consideramos a Youtube como red) como fuente de información. Esto ha podido verse con bastante claridad en Estados Unidos, por ejemplo, en las semanas de los disturbios raciales tras la muerte de George Floyd.

Pero la tendencia va mucho más allá: hay estudios que dicen que los ciudadanos estadounidenses de 18 a 25 años se han informado sobre la pandemia de coronavirus a través de tres redes sociales que, los que tenemos más edad, jamás usaríamos para eso: Tik Tok, Snapchat y, en primer lugar, Instagram. Podríamos sacar muchas conclusiones y pergeñar complicadas hipótesis, pero hay dos ideas muy fáciles de extraer: por un lado, la imagen, principalmente el vídeo, y su inmediatez, han ganado la partida; la segunda es que los jóvenes usan para informarse, así de sencillo, SUS redes sociales, donde está su gente, donde tejen sus redes de confianza. Y si se quiere influir en ellos, si los medios convencionales quieren informarlos, pues tendrán que estar allí también. Y hacerlo bien para ser bien recibidos.

El problema que ven los expertos interpelados por The Guardian sobre estas vías de información son extensibles a cualquier red social: polarización política y noticias no verificadas. La desconfianza, a veces entendible, en medios convencionales puede hacer caer al renuente a leerlos en información mucho más sesgada y, a veces, interesada. También hay que tener en cuenta, como muy bien señala Amelia Gibson, profesora en la Universidad de Carolina del Norte, que cada uno de nosotros vive en una burbuja o ecosistema informativo en el que los algoritmos se empeñan en darnos siempre la razón.

Ismael Nafría nos facilita un compendio de informaciones sobre el trabajo que está haciendo el equipo de Social Media de The Economist. Con un primer vistazo vemos que están haciendo una buena labor en todos los frentes: uso de aplicaciones, formato vídeo como promoción de artículos y podcasts, Facebook Live para hacer directos, imágenes, incluyendo piezas animadas, newsletters como clave en su relación con los lectores y, por supuesto, Instagram.

Sobre su experiencia con Instagram cuenta Kevin Young, Responsable de Audiencias de The Economist, en el Medium del grupo de trabajo de Social Media, que esta red social ha sido clave en el crecimiento digital de su medio y que les ha permitido llegar a una nueva generación, diferente a su lector medio habitual.

Aclarar en este punto que este trabajo de todo el equipo de Social Media de The Economist ni es nuevo, ni es flor de un día. Llevan años trabajando en redes sociales, no limitándose a hacer las cuatro cositas básicas en Facebook y Twitter, y explorando las posibilidades que ofrecen Snapchat e Instagram, (ya hablamos de ello aquí), entre otras. Su intención siempre ha sido llegar a nuevas audiencias y, a tenor de lo que dice Kevin Young, lo han conseguido. Recientemente han alcanzado los 5 millones de seguidores en Instagram, que además son muy proactivos, ya que abren la app una media de 35 veces al día

Sobre el tipo de contenido, Kevin Young comenta que ofrecen píldoras de su periodismo escrito pero que, obviamente, el punto fuerte en Instagram es exprimir al máximo el contenido visual, como fotos, gráficos, ilustraciones, infografías y vídeos. Vuelcan contenido exclusivo, de calidad (incluyen imágenes de grandes fotógrafos) y usan tanto el muro principal como el formato de Stories. De los 5 millones de seguidores estiman que 3 pertenecen al segmento de “jóvenes” y la verdad es que, aunque llevan años trabajando, el crecimiento en 2019 y 2020 ha sido brutal.

La mejor forma de comprobarlo es que veáis su trabajo por vosotros mismos. Buscad @theeconomist en Instagram o seguid este enlace.

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