¡No enterréis tan rápido las newsletters!

Seguro que más de un lector ha llegado a pensar en un momento dado que las newsletters, boletines por correo electrónico si lo preferís, tenían los días contados. Es verdad que muchos medios, pequeños y grandes, han encontrado, desde hace años ya, en las redes sociales el canal de difusión que antes solo hallaban vía email.

Más recientemente, la implantación en Europa de la nueva normativa para la protección de datos ha supuesto la puntilla a más de un boletín: todos los suscriptores que ya tenían no habían dado los pertinentes permisos de cesión de datos, con lo que había que recabarlos a base de molestas y recurrentes peticiones. Algún pequeño medio tuvo que empezar a construir de nuevo, desde cero, su base de suscriptores.

Casi siempre hablamos de las newsletters como una pieza más dentro de una estrategia de comunicación, pero es cada vez más interesante ver el papel que pueden jugar como herramienta autónoma, funcionando como un pequeño medio de comunicación al servicio de un periodista independiente.

¡Ponemos rápidamente un ejemplo de cada escenario!

En este espacio hemos hablado en más de una ocasión del trabajo de The Economist en las redes sociales: una estrategia global con múltiples puntos de apoyo (por ejemplo, en Instagram) creando contenido de calidad con el objetivo de llevar visitas al medio. Dentro de esa estrategia crearon en 2017 un equipo dedicado a la elaboración de newsletters. Es buena prueba de la importancia que le dan.

Por otro lado, en este artículo de What’s new in Publishing nos hablan, entre otros temas, de la plataforma de creación de newsletters Substack. Para aquellos que no la conozcan comentaros que es una web que da un servicio integral a los creadores de los boletines. En Substack cualquier persona con ganas y algo que contar puede poner en marcha su newsletter, generar una comunidad de gente interesada a su alrededor y, por último, pero no menos importante, monetizarla. Obviamente el boletín puede ser el complemento de una web, pero también puede ser un medio genuinamente independiente.

Plataformas de este tipo están permitiendo que muchos periodistas se ganen la vida mediante las suscripciones a sus newsletter, ya sea como única actividad o compatibilizándolo con su trabajo en un gran medio. El artículo cuya lectura os hemos recomendado pone ejemplos como el de Bill Bishop, autor de Sinocism y experto en China; o el del periodista Luke O’Neil, con su caústico boletín Hell World.

Evidentemente no es fácil, si eres un autor independiente, conseguir gente dispuesta a pagar por leerte, pero tus posibilidades aumentan si el contenido de la newsletter es de calidad, diferente a lo que otros están haciendo, o muy específico, de mucho valor añadido. Además, como bien señala el periodista Judd Legum, el modelo se puede sostener con tan solo varios miles de suscriptores. No es necesario, como cuando compites por un fragmentadísimo mercado publicitario, contar con audiencias millonarias.

En España también podemos encontrar ejemplos de newsletters independientes como, por ejemplo, Kloshletter, puesto en marcha por la periodista Charo Marcos, que aglutina ya a 20.000 suscriptores (es gratuita, al menos de momento) que desean recibir un cribado matutino de la información más interesante del día.

La herramienta tiene futuro, y mucho. Exactamente igual que otros nanomedios independientes como canales de youtube, blogs y podcasts.