Lo que nos enseña la historia sobre comunicar en época de crisis

El mundo de la comunicación está trufado de ejemplos de grandes éxitos, pero también de fracasos clamorosos. En una época como la que estamos viviendo la importancia de cualquier paso a dar se multiplica, y lo mismo puede suceder con la repercusión de un éxito o un fracaso.

Un ejemplo sobre lo que nos puede enseñar la historia sobre la comunicación en época de crisis lo podemos encontrar en Gran Bretaña, en plena Segunda Guerra Mundial. Como en cualquier caso de buenas prácticas en el ámbito de la comunicación hay constantes que se repiten, ¡han de repetirse!, como transmitir siempre información fiable y contrastada, pero la clave en esta historia fue la sencillez en los mensajes.

Tal y como nos recuerda Juan Andrés Milleiro, esta sencillez y precisión en lo transmitido se puede ver tanto en los discursos de Sir Winston Churchill, como en los carteles que imprimió el gobierno británico en agosto de 1939 para alentar a su población. Quede como anécdota que el más célebre de todos ellos no fue el que más notoriedad alcanzó en su época, apenas fue usado, cuando a día de hoy se puede calificar si texto como mítico: Keep calm and carry on (Mantenga la calma y continúe).

Puede que la Segunda Guerra Mundial nos parezca un acontecimiento a la vez lejano y poco trasladable a nuestros días, pero son muchas las voces que afirman con rotundidad que la crisis provocada por el coronavirus se parece en su magnitud, ya que en este momento estamos sufriendo la parte sanitaria del problema, pero después vamos a tener que vivir una recesión económica que va a dejar pequeño el crack del 29. No solo podemos encontrar estrategias de comunicación; por ejemplo, el celebérrimo desembarco de Normandía puede ser un ejemplo a nivel de planificación y agilidad estratégica para muchas organizaciones.
Tío Sam
Saltamos de la Segunda Guerra Mundial a la Primera Guerra Mundial para encontrarnos otro cartel icónico: el del tío Sam reclutando a las tropas. Su historia también es interesante: corría 1917 y Estados Unidos acababa de entrar en guerra. Es obra del ilustrador James Montgomery Flagg que buscaba crear un cartel atractivo que pudiera ayudar a reclutar ciudadanos para el ejército. Lo consiguió fusionando dos ideas. Por un lado, un cartel británico de 1914 que tenía la misma finalidad, con el mismo mensaje y una persona, en este caso un militar que incluso tenía la misma pose. Por otro, tomó un personaje creado años antes por otro ilustrador, de origen indeterminado, aunque se supone que basado en una persona real. Lo que se buscaba con el Tío Sam desde el principio es exacerbar los sentimientos patrióticos. Y se podría decir que se consiguió hasta el punto de que el personaje ha llegado a ser una representación antropomórfica de un país y de un gobierno. Pocas empresas, tal vez Michelín, pueden presumir de algo similar