Las infografías, una historia de amor y odio

Vivimos en la era de la información, aunque a veces podemos hablar más bien de la era de los datos. «¡Datos, más datos!», como decía el entrañable Nº5. Cada día se generan cantidades ingentes de nuevos datos, así como centenares de miles de representaciones de los datos, interpretaciones y enfoques diferentes. Esto es, en pocas palabras, un holocausto de datos diario con el que muchos tenemos que lidiar.

Las infografías, también en pocas palabras, nos permiten echar un vistazo en diagonal sobre una gran cantidad de información, así como «regalarnos» la vista con un aspecto cuidado y atractivo. Esto supone varias cosas: las infografías son «compartibles», tienen unas características que hacen que se pueda dar un fenómeno viral con ellas, y a la vez suponen una marea diaria de nueva información que puede llegar, literalmente, a asfixiarnos. Por eso digo que esto es una historia de amor y odio: amor porque aglutinan información importante en un formato altamente atractivo; odio porque están en todas partes.

Tras sincerarme, cosa que he tratado de hacer con algo de ironía, es el momento de valorar cómo funcionan las infografías. Es decir, si realmente son útiles. En cierto sentido nada es útil, lo es la interpretación que se le de a los datos. En las infografías solemos recibir «hechos», «datos» y ciertas conclusiones. Veamos la definición según Wikipedia:

Los gráficos de información, o infografías, son representaciones visuales de información, datos o conocimiento

Es decir, se trata de representaciones visuales, y se refieren a temas objetivos y sin interpretar necesariamente. Robin Richards lo explica mucho mejor que yo en una presentación imprescindible. Puede tratarse de una buena fuente de información representada de tal forma que facilita la comprensión de los datos, de las partes clave, de lo más relevante según su autor. No sustituyen al artículo, al análisis, aunque la práctica más extendida sea, precisamente, replicar la infografía sin más.

El error en el uso de las infografías está, para un servidor, en que parecen ocupar todo el espacio disponible para la información: demandan claramente tanta atención que corremos el peligro de obviar información más rigurosa en favor de la información «mejor presentada». En este sentido, hay que tener cuidado.

Razones para usar infografías en tu marketing de contenidos

Jeff Bullas concentra en 9 las razones para incluir infografías en tu «rutina». Se trata de nueve razonamientos muy acertados, en mi opinión, a pesar de que las infografías me gustan, como el chocolate, en pequeñas dosis. Os dejo con las 9 razones:

  • Son convincentes y atractivas.
  • Son fáciles de leer «en diagonal».
  • Pueden propagarse de forma viral.
  • Gracias a las posibilidades de incrustarse en cualquier web, son fácilmente «portables».
  • Pueden llegar rápidamente a cualquier parte del mundo, sin importar el idioma.
  • El logo de la marca estará presente: son una manera inmejorable de conseguir conciencia de la marca por los lectores. Esto tiene su doble filo, sin embargo…
  • Pueden atraer mucho tráfico al ser fácilmente compartidas.
  • Los enlaces entrantes ayudan al posicionamiento.
  • Una buena infografía puede elevar tu estatus a experto en la materia, gracias a la investigación necesaria para realizarla.

En FYI by Tinkle | Por qué son ìmportantes las infografías

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