La delgada línea entre la personalización y la incomodidad

Todo el mundo busca dar con la tecla de la personalización perfecta, la técnica para conseguir mostrar el anuncio correcto a la persona idónea. Desde las personalizaciones de Google basándose en nuestro historial, hasta otros ejemplos más o menos acertados de personalización extrema, se trata de un punto caliente en todo el proceso de venta que se pretende canalizar vía web. Pero no es oro todo lo que reluce, hay casos en los que una personalización poco preparada nos lleva a casos que desearíamos no haber conocido.

Antes de meternos en harina, hay un estudio que revela que, en Gran Bretaña, casi a la mitad de los internautas no les gusta este tipo de publicidad orientada, o sesgada, que se basa en la información pública de sus perfiles sociales. Casi la mitad es mucho, se me antoja demasiado para sostener una forma de hacer publicidad que puede despertar sentimientos negativos hacia las marcas que protagonizan los anuncios.

Un caso muy curioso y revelador es el de un padre que inició protestas contra una empresa anunciante porque su hija visualizaba anuncios del estilo a «¿Así que estás embarazada?». La polémica creció hasta que la hija confesó que realmente lo estaba, y el furioso padre tuvo que pedir disculpas. Esto, que no deja de ser un caso curioso, abre la puerta a pensar que no todo el monte es orégano, que el exceso de personalización puede acarrear problemas de índole personal.

Anuncios personalizados que aparezcan de improviso pueden pasar desapercibidos, o bien pueden molestarnos. Es algo inherente a las acciones que se llevan a cabo sin que el interesado tenga constancia o exprese su deseo de ser objetivo de las mismas. Sin embargo, una forma de evitar el malestar de recibir anuncios personalizados puede ser, simplemente, pedir permiso para ello.

¿Cuál es el límite entre personalización e intromisión en la intimidad de las personas? ¿Hasta qué punto somos tolerantes con el hecho de que nos aparezcan anuncios dirigidos exactamente a nosotros? ¿Cómo diferenciamos el spam de los anuncios que consideramos «incómodos» para nosotros? Creo que son preguntas muy interesantes que me gustaría que debatiésemos en los comentarios, ¿nos ayudáis?

Vía | Neuroscience Marketing
Foto | emiliokuffer

Un comentario en “La delgada línea entre la personalización y la incomodidad

  • Marián Ponce comentó:

    Es una guia muy buena para los jóven@s que están empezando a escribir y defender sus ideas. Sus angústias y seguridad sobre todo en el trabajo y mundo laboral. Y el tema familiar se está mostrando hoy en dia como en una pasarela muestran los nuevos modelos de temporada. Sin ningún tipo de rubor, con la mayor naturalidad y frialdad vistas. Es mi opinión. Las nuevas tecnologías nos han ayudado a cambiar los roles. Positivo y negativo a mi modo de ver. Hay que saber diferenciar y dejar a un lado lo «privado». No tan show sb round…

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