The Economist se apuntó al periodismo digital en pequeñas dosis con Espresso

El semanario británico ‘The Economist‘ lanzó la primera edición diaria en sus 171 años de historia y aunque es digital se ajusta bastante a la filosofía de concisión que siempre ha permeado a la publicación. The Economist Espresso es, según la nota de prensa, «an espresso shot of global analysis«. En la práctica, un briefing informativo de 5 historias con no más de 140 palabras cada una, disponible en mail y también como aplicación para Android e iOS.

El objetivo que busca este producto de The Economist es atraer a 200 millones de potenciales lectores con un producto de calidad («léelo y estarás listo para el día» es su lema), pero de consumo rápido (según John Micklethwait, editor jefe, consultarlo no debería llevarnos más de cinco minutos).

The Economist Espresso contará con versiones para Asia, las Américas y Europa, alimentadas por un grupo de cuatro editores en la redacción de Londres que contarán con el apoyo de su gente en Singapur y Washington.

El modelo de pago rondará lo freemium: 2,49 libras al mes o gratis para suscriptores del semanario con un mes de prueba.

El lanzamiento de Espresso se enmarcó dentro de las tendencias imperante en un puñado de medios de comunicación de referencia. La primera, la intención de muchos de atraer clientela ofreciendo pedacitos de su producto principal en dosis más pequeñas y digitales tal y como hace The New York Times con su NYT; la segunda es el revival de la newsletter como herramienta informativa útil.

En tercer lugar, el vértice más importante. El negocio que atisban empresas como The Economist o Financial Times muy ligadas al contenido de calidad y, por tanto, a la masa de lectores fieles al fijar sus tarifas de publicidad en función del tiempo que los lectores estén expuestos a esa publicidadTime Guarantee es el concepto que usan.

No cabe duda de que el producto es interesante, que abre una nueva vía de negocio y que viene a incidir en la tendencia de los medios de comunicación por la experiencia móvil y por la curación de contenidos frente al streaming infinito de material en las redes sociales. La eterna pregunta con este tipo de productos, cuya respuesta definirá su futuro es, ¿cuánto están dispuestos a pagar por ella los lectores de lo gratuito?

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