Sobrecarga de información… ¿algo provocado por nosotros mismos?

Cualquiera de nosotros puede sentirse sobrepasado con la cantidad de información que existe sobre un tema concreto. Lo llamamos sobrecarga de información y hemos discutido repetidas veces acerca de qué es, cómo se produce, por qué puede ser perjudicial y cómo combatirla. Pero no podemos sostener tan solo un único punto de vista, y la lectura de un interesante artículo nos deja la pelota en nuestro tejado cuando el autor se pregunta si esto de la sobrecarga de información no será una mentira.

No deja de parecerme atractivo el enfoque, y realmente puedo decir que estoy muy de acuerdo con lo que se dice: la sobrecarga informativa no es inevitable, sino que suele ser una elección propia o el producto de un filtro demasiado poco afinado para nuestros gustos. Las claves están en varios frentes, y una de ellas es lo suficientemente reveladora como para no dejar que pase de largo: la vanidad y el miedo a la irrelevancia pueden a veces con nosotros, y es cuando caemos en un estado de sobrecarga informativa.

Si hay un peligro real en el mundo conectado es la necesidad que se crea en nosotros de permanecer, de hecho, conectados. En todo momento, sobre cualquier tema. Nos obligamos a saber, a estar, a responder y a comentar porque, en caso contrario, podemos quedarnos descolgados. Nuestra propia pereza a la hora de poner foco en un interés concreto hace que nademos en un mar de informaciones replicadas, reiterativas, con escaso interés para nuestra vida personal o profesional.

¿Por qué en algunos casos vivimos nuestra vida «real» diferente de nuestra vida conectada? ¿Existe alguna razón por la que necesitemos estar al tanto de un montón de temas que, realmente, no nos aportan nada? Es posible que mucha de la información que manejamos sí nos aporte, pero pensemos un momento: ¿qué proporción de información necesitamos realmente para desempeñar una labor? ¿Qué proporción sobra? En esta imagen, sacada de la fuente, vemos cómo se reparte la sensación personal de sobrecarga informativa.

Sobrecarga, sí. Pero la mayor parte del público de Brian Solis que ha respondido a la encuesta es consciente de que la sobrecarga depende en buena medida de sí mismos. Esto es revelador porque estamos presenciando una confesión certera sobre la raíz del problema, y una pista sobre su posible solución: no tenemos tiempo/ganas para filtrar todo el flujo de información que llega a nosotros, pero sabemos que, de ser filtrado, llevaríamos mejor la cantidad de información recibida.

Y para eso existen los Content Curator.

Vía | Brian Solis
Foto | Walt Stoneburner

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