El «fashion film» está de moda

Siempre me ha gustado dar paseos por las ciudades, caminar por las diferentes calles y ver las distintas personas que caracterizan a cada uno de los barrios. Cuando vivía en Madrid, ése era uno de sus mayores atractivos, la diferente fauna que podías encontrar dependiendo por donde caminases. Si ibas por Malasaña, lo que hoy se conoce como “hipsters» tomaban la calle; vestidos con pantalones pitillos, barbas cada vez más largas y gafapasta. Si por el contrario, paseabas por Chueca, parejas del mismo sexo se agarraban de la mano como si fuera el único lugar de la ciudad donde pudieran hacerlo sin miedo a ser juzgados, donde era obligatorio dejar los prejuicios esperando, como mínimo, en la Glorieta de Bilbao o Plaza de España. Si decidías dar una vuelta por la Castellana, los trajes de chaqueta se convierten en el uniforme, y ya si caminabas por Serrano, las señoras vestidas con pieles y los señores con pañuelo en el bolsillo de la chaqueta se pasean como leones por la sabana. Y como en toda gran ciudad está la conocida como la milla de oro, una calle donde grandes marcas como Dior, Chanel, Armani o Gucci instalan sus tiendas. Una calle donde los pudientes compran las últimas tendencias en moda y donde los soñadores miran con deseo los escaparates, esperando que llegue ese día en el que podrán calzarse un par de tacones Jimmy Choo o donde sus viajes los hagan acompañados de una maleta Louis Vuitton.

Al final, estas marcas tan representativas de una determinada clase social lo que hacen es alimentar sueños. Soñar con una vida en la que el dinero no sea una preocupación, donde, por muy triste que suene, la gente te envidie no por lo que eres o por lo que puedes aportar sino por lo que tienes. Queremos ser como esas estrellas de Hollywood que se pasean por alfombras rojas vestidas con modelos exclusivos de marcas de lujo y con joyas cuyos precios son insultantes, en un mundo en el que millones de personas mueren de hambre año tras año. Marcas que se presentan como la solución para todos nuestros problemas: si eres feo te vuelven atractivo, si estás triste te alegran el día y si sientes que tu vida es una mierda, comprar un artículo de cualquiera de estas marcas te hará cambiar de opinión.

Las marcas que engloban el sector del lujo, son  conscientes del poder que ejercen tanto en los compradores reales como en aquellos compradores que sueñan con poder alzarse con alguna pieza exclusiva de una de sus colecciones. De ahí que sus campañas, cada vez, sean más emotivas. Ya no les basta con hacer anuncios en los que atractivos y atractivas modelos sean los protagonistas. Ahora van más lejos, hacen pequeños cortos también conocidos como fashion films, los cuales cuentan con la dirección de grandes cineastas y actuaciones, la mayoría de las veces, de intérpretes internacionales de la talla de Marion Cotillard o Helena Bonham Carter, donde nos cuentan una historia relacionada con el espíritu y valores de la marca.

Son piezas publicitarias de gran atractivo y con una estética muy cuidada. La última marca en presentarnos su nuevo anuncio, protagonizado por el bailarín Jérémie Bélingard y dirigido por el fotógrafo Romain Laurent, es la casa Hermes. Un anuncio cuyo objetivo es presentar su nueva colección de hombre.

Las marcas de lujo han encontrado en el “fashion films” un nuevo aliado audiovisual que no sólo consigue despertar interés por el gran atractivo, sino que además ayuda a incrementar el deseo hacia sus productos y el fanatismo hacia su nombre.

Vía | Revista GQ
En Tinkle | ¿Necesitan las marcas de lujo una estrategia de Social Media?

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