Cultura colaborativa en el periodismo, nuevos roles para nuevos retos

Que el oficio del periodismo ha sufrido tremendos cambios en los últimos años es un tema que tratamos habitualmente. Asimismo, la constante adaptación en la que conviven medios tradicionales asentados y aquellos emergentes, hace más que patente la consagración del darwinismo empresarial en este entorno: adaptarse o morir.

Hoy comentamos un artículo de NiemanLab, de obligada lectura, en el que se relata, en primera persona, la experiencia de una redactora independiente. Nuevos roles, nuevas tendencias… El periodismo siempre tiene que adaptarse a su audiencia.

¿Qué es ProPublica? ¿Por qué un nuevo rol?

El artículo que comentamos está escrito por Rachel Glickhouse, una colaboradora de ProPublica, un medio online norteamericano, sin ánimo de lucro, independiente y enfocado al periodismo de investigación con un carácter ético.

En primer lugar, uno de los aspectos que se destacan en el artículo es la importancia de la “colaboración”. La cultura colaborativa que tanta reacción negativa ha creado en muchos sectores, es una bendición en el periodismo. Por ejemplo, cita el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), que ya ha destapado varios escándalos a escala global, como los “Papeles de Panamá”. En este saco entran las licencias Creative-Commons y la co-edición que esto permite.

En definitiva, Rachel Glickhouse relata cómo su puesto en ProPublica, que es partner manager, permite la colaboración de muchos profesionales, en un largo plazo, para proyectos de investigación periodística que no podrían darse de otra forma. Este trabajo profundo y valioso para la sociedad, se da en otros casos como colaboraciones entre redacciones, en lugar de la aportación de uno o varios expertos.

El reto de los nuevos perfiles periodísticos

Desde el auge del periodismo multimedia y la omnicanalidad en la que sobrevivimos ahora, el trabajo del periodista no ha sido tan lineal y concreto como era desde sus inicios. Así lo relata Glickhouse, que comenta cómo en su puesto de trabajo es redactora, editora, investigadora, project manager, responsable de las redes sociales… En definitiva, la hibridación de la profesión ha llegado a tal punto que no hay dos puestos iguales.

La historia de Rachel Glickhouse se estructura con la descripción de su trabajo para ProPublica: un proyecto de investigación llamado Documenting Hate y que sigue y analiza crímenes de odio. Este proyecto genera montones de datos y claves, sobre lo que se han construido ya más de 160 artículos y reportajes en diferentes medios.

Digamos que hoy más que nunca el oficio del periodista se ve envuelto en una formación continua. A medida que cada perfil experimenta una serie de labores externos al eje de la profesión, se está generando una posición única. Finalmente, esta cultura colaborativa insertada en el mundo periodístico genera fuentes alternativas de gran calidad y permite que las redacciones, cada vez más pequeñas, se hagan con contenido potente.

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