A propósito de Thomas

Si estuviésemos en los años cincuenta seguramente estaría apadrinado por un productor de la fábrica de sueños de Hollywood, dispondría de una generosa inversión para catapultarlo al firmamento de las estrellas de la gran pantalla y lo habrían rebautizado con un nombre artístico biensonante y rebosante de glamour.

Pero éste no es el guión de su película.

Al igual que muchos niños prodigio de la época dorada del cine americano, nuestro protagonista vive en Los Ángeles, no levanta más de metro y medio del suelo y está dispuesto a darlo todo para hacer realidad sus ilusiones. Parecidos razonables, sí, pero con algunas diferencias que nos recuerdan que el salto a la fama de alguien con un nombre tan corriente como el de Thomas Suarez, sólo es posible en la era de los medios sociales.

Con apenas 11 años, este estudiante de sexto grado de South Bay que a la salida del colegio se dedica a crear y comercializar aplicaciones iOS desde su propia empresa, va camino de convertirse en una auténtica celebrity 2.0. El video de su intervención hace unos días en una de las prestigiosas conferencias TED, ha sobrepasado con creces el millón de visualizaciones y deja boquiabierto a todo aquél que le dedica los escasos cinco minutos que dura su exposición.

El jovencísimo ponente cautiva con el contenido de su charla, pero aún más si cabe con su forma de presentarla. Derrochando desparpajo y una sencilla, pero eficaz puesta en escena al más puro estilo Jobs (pinganillo en la oreja y iPad en mano incluidos), Thomas Suarez se mete en el bolsillo a una audiencia que supera la que llena las butacas del auditorio de Manhattan Beach. Él no cuenta su historia. La comparte. Y eso mismo es lo que hacen cientos de miles de internautas justo después de ver su actuación: compartirla.

La inconfesable satisfacción de ser el primero que descubre a sus amigos, contactos y seguidores un hallazgo tan singular, es una tentación cada vez más difícil de superar para los millones de almas que se mueven por las plataformas sociales de la red. “Comparto, luego existo” parece rezar en la cabecera de sus perfiles. Y con esa convicción instalada en lo más profundo de su avatar, a golpe de click ponen en marcha la potente maquinaria de la comunicación 2.0. Una vez accionada, ya no hay marcha atrás. Las tuercas empiezan a girar y activan el mecanismo de un engranaje que se acelera de forma exponencial a medida que más usuarios abren al pequeño Thomas Suarez las puertas de sus muros y sus timelines.

Si estuviésemos en los años cincuenta, seguramente este primer papel de Thomas Suarez sería el exitoso debut de una carrera cinematográfica, posible gracias a una inversión millonaria que más tarde refrendaría el público en las salas de proyección. En la era del social media, la película de su prometedora trayectoria empieza con la gran oportunidad que le han brindado desde TED, primer rédito de los 99 dólares que sus padres le dejaron para poder colgar las aplicaciones en AppStore. La campaña de marketing se la financiamos (con mucho gusto, sin coste alguno y desde la más absoluta espontaneidad), todos los que no hemos podido evitar compartir su historia con nuestra red de contactos.

En El Confidencial | Thomas Suarez, un emprendedor de doce años
Más información | Genbeta:dev

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*