La revolución del conocimiento cambió de forma radical la vida de las empresas y de las organizaciones en la última década. Y todos estábamos tan orgullosos por el alto grado de virtuosismo que habíamos alcanzado en el manejo de la información y de su digestión hasta convertirla en conocimiento y en inteligencia. La información era sólo ruido y habíamos sido capaces de transformarla en conocimiento inteligente; en poder. Aprendidos a manejar ese poder de forma eficiente hasta convertirlo en el fundamento de todas las estrategias de negocio. Entonces, una avalancha de decisiones generadas en base a ese conocimiento inteligente inundó los mercados en forma de nuevos productos y servicios. Estábamos en el Olimpo del management. Manejábamos inteligencia y sólo podíamos generar excelencia. Y la gran sorpresa que muchos se llevaron fue ese exquisito cuidado en la búsqueda y almacenamiento de datos y ese exhaustivo proceso de análisis al que fueron sometidos hasta destilar las esencias de inteligencia que sustentaron las decisiones de negocio no estaban dando los resultados esperados. Las más calculadas y estudiadas estrategias para el lanzamiento de productos y servicios estaban siendo literalmente destrozadas porque, primero de forma casi imperceptible y luego a gritos, una masa estaba opinando, comentando, recomendando, protestando, prescribiendo, reclamando y denunciando esos productos y servicios y haciendo que nada fuese como estaba tan cuidadosamente planificado. Fue entonces cuando muchos descubrieron algo que los dejó atónitos. ¡¡¡El mercado habla!!!
Habla, ciertamente. Ya no era un simple escenario en el que proyectar los frutos del conocimiento. Se había convertido en un ágora. Es bidireccional. Recibe y responde. En este nuevo escenario, lógicamente, las reglas cambian. Ya no podíamos limitarnos a almacenar datos, analizarlos y generar conocimiento para la toma de decisiones. Había un factor nuevo que lo cambiaba todo. Había que escuchar. Luego vino lo más complicado, hubo que aprender a escuchar. Algunos lo comprendieron con rapidez; otros todavía están en la tarea y aún queda quien sigue pensando que todo esto es una simple moda tecnológica pasajera.












